Nueve días y sus respectivas noches en un precioso lugar, tanto por las montañas como por el mar. Señores y señoras, lo hago ya público: tengo la intención de comprarme una casa en mitad del campo cántabro y dejar la comunicación por el pastoreo, los perros por las cabras y teñirme con un poco más de ese verde naturaleza.Y es que he vuelto (aparte de con unos kilitos de más) enamorado de esa tierra, pero no de su gente... Poco más y llegan al nivel italiano.
Se acabó eso de asomarse a la ventana y ver el mar con sus olas, aquí como mucho veo las hojas del árbol que tengo en frente. Pero oye, nada como estar en casa. Además, las echo de menos.
Por cierto, el viaje me ha servido justo para todo lo que quería. Vuelvo con más ganas que nunca de disfrutar del verano.
¡Monto mi veraneitor!

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