viernes, 6 de enero de 2012

Infancia, infancia everywhere

2012 y, con ello, teóricamente el fin de la infancia.

Desde hace muchos años siempre soñaba con cómo sería el año de mis 18. Intentaba mirar al futuro y  preguntarme cómo llegaría yo al año en el que iba a cumplir la mayoría de edad. Bien, ahora puedo mirar atrás y recordar todo lo que ha ocurrido, especialmente en estos dos últimos años. Un año bueno y otro (no digamos malo, que luego cierto Eric me riñe) no tan bueno. Es cierto que de este último borraría como la mitad de lo vivido, pero cuando lo vuelvo a pensar no me dejaría hacerlo, al fin y al cabo son experiencias. Además, como diría la persona nombrada antes, hay que quedarse con lo bueno siempre y procurar mejorar lo malo con propósitos para este año.
Volviendo atrás, todavía no tengo ni la más remota idea de qué me va a ocurrir en 2012. Bueno si, sé que voy a pasar los seis peores meses de lo que llevo de vida pero, ¿qué habrá después? Yo creo que es de las mayores dudas que te corroen por dentro, ya que todo va a depender de lo que pase este año. En poco más de dos meses los 18, cosa que odio. Sí, parece locura, pero lo de tener complejo de Peter Pan es lo que tiene, que odias crecer y más todavía llegar a la mayoría de edad. En cosa de cinco estaré en lo que serán los exámenes más importantes de mi vida. Y en unos ocho o nueve meses en una experiencia que de seguro me cambiará por completo.
Eso sí, a pesar de toda esta madurez que se avecina, hoy me he vuelto loco al ver que mis queridísimos Reyes Magos en los que todavía sigo creyendo me han traído a Buzz Lightyear y a su nave espacial. Y con esa misma ilusión infantil me he tirado toda la mañana montándolo como si fuera un niño de seis años.

Repito, es lo que tiene ser Peter Pan y vivir en el País de Nunca Jamás.
Como he dicho arriba, teóricamente terminará mi infancia, pero sólo en teoría.

-¿Yo? ¿Crecer? ¡Nunca!