Desde hace muchos años siempre soñaba con cómo sería el año de mis 18. Intentaba mirar al futuro y preguntarme cómo llegaría yo al año en el que iba a cumplir la mayoría de edad. Bien, ahora puedo mirar atrás y recordar todo lo que ha ocurrido, especialmente en estos dos últimos años. Un año bueno y otro (no digamos malo, que luego cierto Eric me riñe) no tan bueno. Es cierto que de este último borraría como la mitad de lo vivido, pero cuando lo vuelvo a pensar no me dejaría hacerlo, al fin y al cabo son experiencias. Además, como diría la persona nombrada antes, hay que quedarse con lo bueno siempre y procurar mejorar lo malo con propósitos para este año.
Eso sí, a pesar de toda esta madurez que se avecina, hoy me he vuelto loco al ver que mis queridísimos Reyes Magos en los que todavía sigo creyendo me han traído a Buzz Lightyear y a su nave espacial. Y con esa misma ilusión infantil me he tirado toda la mañana montándolo como si fuera un niño de seis años.
Repito, es lo que tiene ser Peter Pan y vivir en el País de Nunca Jamás.
Como he dicho arriba, teóricamente terminará mi infancia, pero sólo en teoría.
-¿Yo? ¿Crecer? ¡Nunca!






