sábado, 23 de julio de 2011

Ciudad Esmeralda

Érase una vez, en un precioso país habitado por raras criaturas y gobernado por cuatro brujas con tendencia a la rosa de los vientos, apareció volando en una casa una joven muchacha y su perro. ¿Su deseo? Volver con su familia. Sin embargo eso no era tan fácil, debía encontrar al Gran y Terrible Mago de Oz, el cual gobernaba la Ciudad Esmeralda. Comenzó su viaje y encontró a tres curiosos personajillos de los cuales se hizo amiga. Un espantapájaros en busca de cerebro, un leñador de hojalata deseoso de corazón y un león al que le faltaba valentía. Juntos, y guiados por la suerte, llegaron a la preciosa ciudad verde donde el Mago de Oz los ayudaría. Tras conocerlo se descubrió su secreto. ¿Gran Mago de Oz? Mentira. Viejo farsante engañabobos prometedor de cosas imposibles. Pero como lo prometido es deuda tuvo que cumplirlo. Viejo farsante le llamaban, yo no pienso igual. Les hizo creer que les había concedido sus deseos, cierto es, pero igual el problema era de ellos, ¿no creéis? Ya que ese es un gran problema, o al menos mío: necesito muchas veces ese empujón para atreverme a hacer cosas, lo reconozco. Llamadlo falta de impulsividad o como queráis, pero a mí también me pasa como al león: no tengo la valentía necesaria para ciertas cosas, o eso me parece. Porque la moraleja del Mago de Oz no es otra que, si de verdad lo deseas, puedes llegar a conseguir lo que quieras, sólo necesitas creer en ti mismo. Otra cosa es saber qué es lo que quieres, vale, pero a partir de ahora, y tras este gran cuento infantil, prometo (o al menos hacer el intento de intentar) luchar por lo que quiera siempre y cuando vaya conmigo, es decir, sin traicionar a nada, a nadie y, lo más importante, sin traicionarme a mí mismo.



-¿No puedes darme sesos? -preguntó el Espantapájaros.
-No necesitas sesos. Estás aprendiendo algo cada día. Un bebé tiene sesos, pero no sabe mucho. La experiencia es la única fuente de conocimientos y cuanto más permanezcas sobre la tierra, tanta más experiencia tendrás sin duda.
[...]
-Pero, ¿y qué pasa con mi valentía? -preguntó con inquietud el León.
-Tú tienes mucha valentía, estoy seguro -respondió Oz-. Todo lo que necesitas es tener confianza en ti mismo. No hay un ser vivo que no se asuste ante el peligro. La verdadera valentía está en hacer frente al peligro cuando se tiene miedo, y ese tipo de valor tú lo tienes en cantidad.
[...]
-¿Y qué hay de mi corazón? -preguntó el Leñador de Hojalata.
- Vaya, en cuanto a eso -respondió Oz-, creo que cometes un error al querer un corazón. Hace desgraciada a la mayoría de las personas. ¡Si supieras cuán afortunado eres por no tener corazón!
- Eso debe ser cuestión de opiniones -dijo el Leñador de Hojalata-. Por mi parte, soportaré toda la infelicidad sin una queja, si quieres darme corazón.

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