Se abre un amplio sendero delante tuya, un sendero que llevabas muchísimo tiempo esperando. Ese camino poco a poco se va haciendo más y más grande, ya que piensas que es un camino seguro. Todo se ilumina y te hace sentirte feliz andando por ahí. Pero, de pronto, tropiezas. Tropiezas y ruedas sin fin hasta que, cuando despiertas, te das cuenta de que el amplio y luminoso camino ya no está bajo tus pies y ahora andas por una espesura salvaje.
Cuando no estás donde quieres y todo lo ves negro cuesta asomar la cabeza y coger el aire necesario para seguir adelante. Sin embargo, es necesario poner todo tu empeño en hacerlo. Uno de esos saltos seguro que es el acertado y el que te da el respiro que te hace falta para volver a ver el camino.
Poco a poco se va vislumbrando y puedes volver a convertirte en aquella sonriente persona que caminaba por el camino correcto, es decir, puedes volver a ser quien eras antes. Puede que el camino no te lleve al mismo sitio pero, ¿quién sabe lo que puedes encontrar? Quizá a la persona adecuada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario